La dieta de los juegos

Todo es permitido, pero no todo es sano

El dinero que marcos guardaba era para los juegos, su hijo que estaba en estados unidos le enviaba 30$ y decía: 5 para comer y 25 para jugar, era impresionante ver como marcos gastaba todo el dinero en cartas de juegos y nunca ganaba, siempre al salir del lugar se despedía con la frase: Mañana si gano.

Juegos

Pasaban los días y Marcos perdía dinero en lo juegos sin darse cuenta que se estaba volviendo adicto a ellos, en una ocasión al salir del lugar se encuentra con una señora que le dice: No tengo dinero para comer, estoy en una dieta obligada porque todo me lo he gastado en los juegos y ya llevo 40 años jugando, pero nunca he ganado ni un bolívar en ellos.

juegos¿Tiene 40 años jugando? Le pregunto Marcos, pero como es posible que nunca ha ganado yo tengo 2 años, pero no pierdo la esperanza, la señora lo miro a los ojos y le dijo: Ganarías mas si inviertes en otra cosa que te genere ingresos, no en cosas sin sentido que no te llevan a ningún lugar.




Cuando escuché esta historia relatada por Marcos recordé que existe una patología psicológica llamada Ludopatía que es una inclinación obsesiva a los juegos de azar, donde aun perdiendo la persona insiste en seguir jugando y apostando grandes cantidades de dinero aunque no lo tenga, llegando a perder sus cosas personales por pagar el juego.

Marcos después de escuchar a la señora acudió a mi consulta preocupado por su afinidad con el juego, y allí fue donde empezó la dieta del juego que el decidió antes de perderlo todo. Es necesario que sepas que en la vida todo es permitido, pero no todo es bueno, hasta Dios en su santa palabra nos dijo: “Todo me está permitido, pero no todo es para mi bien. Todo me está permitido, pero no dejaré que nada me domine.” (1 Corintios 6:12)

Si en este momento de tu vida notas que el camino por el que estas dando los pasos no es el correcto, estas a tiempo de decir me pongo a dieta de esto, no permitas que la dieta sea obligatoria como la señora que conoció marcos, permítete vivir en plenitud y no en desdicha.

Psic. Simoné Armella

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