¿Tomas buenas decisiones? aquí te dejamos unos cuantos pasos

No hay recetas que nos den a conocer el momento exacto para echar a andar la rueda de la productividad; sin embargo, existen buenas prácticas que llevan a una exitosa toma de decisiones. Al dominarlas y aplicarlas en forma ordenada y consciente estamos en un mejor escenario para descubrir los momentos precisos para tomar buenas decisiones.

  1. Aborda el problema correcto para encontrar la decisión correcta. Por increíble que parezca, muchos emprendedores son incapaces de identificar cuál es el problema que los aqueja. Para ello es preciso entender con claridad cuáles son los puntos específicos del proyecto, qué etapas lo conforman y qué objetivos se pretende alcanzar en cada una. Así es más fácil identificar el verdadero problema.
  2. Clarifica los objetivos reales. Un problema común entre los emprendedores es querer abarcar muchos proyectos en uno mismo. Eso lleva a perder dimensión y dirección. Para no perder el rumbo es necesario delimitar con claridad los alcances y los resultados que se deben conseguir. También es necesario dispuestos a sacrificar algunos objetivos cuya consecución puedan poner en riesgo la totalidad del proyecto.
  3. Desarrolla líneas alternas para conducir el proyecto. Al emprender se necesitan dos ingredientes: la creatividad y la flexibilidad. Aferrarse a una primera idea, sin admitir que puede sufrir modificaciones, es emitir una condena de muerte. Si hay obstáculos que impiden el avance, hay que encontrar formas creativas para darles la vuelta.


  4. Entiende las consecuencias de la toma de decisiones. Es necesario hacer una matriz de efectos que pueden impactar al proyecto por las elecciones que se van haciendo en el camino. En ocasiones, son nuestras propias preferencias las que anticipan o retrasan los planes.
  5. Dimensiona con exactitud las decisiones que se toman o se dejan de tomar. Ambas impactan el rumbo de los proyectos. Un emprendedor debe tener claro que dejar de hacer es una decisión y que ésta puede jugar a favor del proyecto. Hay que entender que hay etapas en las que es preciso dar un tiempo de maduración, y no hay más que hacer. Es necesario saber qué pasa si hago algo, y qué si dejo de hacerlo.
  6. Maneja con sensibilidad las etapas de incertidumbre. Hay que enfrentar con serenidad las turbulencias que se presentan. Un conductor que va nervioso al volante en una carretera angosta y con desfiladeros es sumamente peligroso; aumenta los riesgos en forma innecesaria. La incertidumbre es un invitado indeseado, pero que siempre aparece. Lo mejor es saber cómo tratarlo.
  7. Cuida la aversión al riesgo. Una de las características de un emprendedor es el gusto por la adrenalina que le provoca el peligro, es la emoción que nace de emprender. Ésta que puede ser su mejor aliada, se puede transformar en su peor enemiga si no se tiene controlada.
  8. Anticipa las decisiones que van eslabonando el proyecto. Si un emprendedor entiende bien el proceso de su idea y comprende la cadena de valor, será capaz de entender en forma precisa qué debe ir primero y qué después para propiciar el movimiento y el éxito de su plan en tiempo y forma.

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